“Lulú se fue debajo del río, Susy corrió y cayó… Viny también”

Susan y Letitia Gould
Susan y Letitia Gould

La trágica historia de las niñas de Benjamin Gould, que murieron en una crecida del río en 1874. 

El río Suquía no sólo guarda en su cauce historias felices. También fue testigo de algunas tragedias, que marcaron la vida social de Córdoba. 

El mayor drama, en el último cuarto del siglo 18, fue protagonizado por la familia de Benjamin Gould, el científico norteamericano que dirigió  hasta 1885 el Observatorio Astronómico instalado en Córdoba en 1871. 

“Lulú se fue debajo del río, Susy corrió y cayó, Viny también…”. El pequeño Benjamín, que festejaba aquel domingo de febrero de 1874 sus cuatro años, relató entre llantos desconsolados a su familia uno de los dramas más grandes que vivió el río Suquía en aquella Córdoba de fines del siglo 18. 

Las crónicas de los medios de entonces no escatimaron espacio para lo sucedido. El Río Primero se había llevado a dos de las hijas del astrónomo, y a la institutriz Albina Fontaine que intentó salvarlas. 

“El río no estaba crecido, y sus mansas aguas corrían tranquilas y claras viéndose el fondo de ellas con un lecho de suave y menuda arena. Hay quien dice, que la creciente llegó después de estar las niñas en el baño. Hay quien agrega que la catástrofe no tuvo lugar por crecimiento o aumento repentino de las aguas del río, sino por haber caído las preciosas niñas en un remanso”, se escribió en el diario El Progreso.

“Las niñas Susana y Lucrecia, buscaron un buen paraje, se desnudaron y echáronse al río. La joven aya no se bañaba, y quedó vestida cuidando desde la orilla a las preciosas niñas. De pronto vio que una de ellas se sumerjía (sic) y que con ademanes desesperados llamaba a la otra hermana mayor.

Corre esta, y tras ella se lanza vestida también el aya, pero así como Lucrecia y Susana es arrebatada la pobre joven. Sigue un momento de lucha desesperada y en agonía casi. No hay en la orilla quien las proteja. Mr. Gould ha quedado en la casa con su señora”, continúa.

El día de la desgracia

Aquel 8 de febrero de 1874, la familia Gould había llegado en carruaje al pequeño caserío que se conocía como San Gerónimo, donde se encontraba el viejo Molino Roqué (Gavier), al que fueron invitados junto a otro matrimonio inglés. 

Ese caluroso día de verano, Susan (11) y Lucretia (9) pidieron permiso para meterse al río, al cuidado de su niñera. Pero una inesperada y traicionera crecida sellaría la suerte de las tres, y también la del afamado científico que inauguró el Observatorio Astronómico Córdoba. 

La pequeña Lulú se metió al agua y se hundió. Susan quiso ayudarla, pero también padeció la fuerza del Suquía. Tampoco Viny (escocesa, de 25 años) pudo salvarlas, tirándose vestida al cauce del río. 

La búsqueda posterior fue intensa. Primero encontraron la ropa de las niñas y sus sombreros de paja; y recién por la tarde a las víctimas, a la altura del hoy Puente Tablada. 

La inhumación de Lucretia y Susan se realizó el lunes 9 de febrero en los terrenos del Observatorio, que Benjamin Gould había inaugurado apenas tres años antes (este 2021 cumplirá 150 años). No había en Córdoba un cementerio para quienes no profesaran la fe católica, algo que también fue debatido en los diarios de la época, que dieron cobertura completa al caso. 

Albina, que sí era católica, fue enterrada en el cementerio de San Jerónimo, en el panteón de la familia de Santiago Cáceres, amigo de Gould. 

Gould (1824-1896), que inició la observación astronómica en el país, en una carta que le escribió al editor del American Journal of Science and Arts, se refirió con detalle a las sorprendentes crecidas de los cursos de agua de la ciudad, en ese caso sobre La Cañada. Lejos de imaginar que años más tarde, sus dos hijas mayores serían protagonistas de aquella desgracia.

En noviembre de 1870, relató: “Parte del pueblo es atravesado por la llamada “la cañada”, el curso de agua es de seis o siete metros de ancho, descarga en el río, y es bordeado por riberas empinadas hasta que llega al valle en el que se sitúa el pueblo. Está usualmente seca, en efecto nunca la he visto de otra manera, a pesar de que estoy viviendo a 50 yardas de ella, y la cruzo varias veces por día. Pero durante e inmediatamente después de una de esas violentas lluvias, se vuelve un cauce torrentoso, y he visto crecer su nivel más de 4 metros en dos horas. No es alimentada por ninguna fuente, y meramente es desagüe de algunas millas de pampa; si no fuera por un fuerte dique (el Calicanto) construido por los Jesuitas en 1671, la ciudad estaría sujeta a severas inundaciones. De hecho, una inundación provocada por la cañada destruyó una gran parte del pueblo en 1623”.

La esposa de Gould, Mary Apthorp Quincy Adams, entabló amistad con Domingo Faustino Sarmiento. En El Nacional, Sarmiento escribió que quienes “en Córdoba frecuentaban la amistad de la señora de Gould, solo veían en ella la dama cumplida de salón, la madre desgraciada de sus hijas, perdidas en una catástrofe, o feliz en educación de los que conservaba. Muy tarde supieron que era, además de un sabio, una señora de ilustre prosapia…por su inteligencia, las ciencias exactas la han contado en el número de sus adeptos”.

Tras su muerte, Mary fue enterrada en el cementerio de Mt. Auburn, Boston, donde también se trasladaron los restos de sus hijas Susan y Lucretia.

El Suquía, con sus bravas crecidas de verano, se cobró la vida de estas niñas, y marcó a uno de los científicos que pusieron el nombre de Córdoba en lo más alto.

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