La gran cervecería junto al río marcaba el pulso de los barrios

Por Daniel Santos.

El silbato de la Cervecería marcaba el pulso del viejo Alberdi y los barrios próximos: sonaba a las 6, a las 13, a las 13.30 para señalar el horario de la comida, y luego a las 17.30 para marcar que la jornada había concluido.

A las casas volvían, tras el último pitido, los chicos desde la escuela y los empleados cerveceros desde el trabajo. El barrio, durante décadas, fue expandiéndose alrededor de esta empresa que se llamó Cervecería Córdoba, pero bien podría haber sido Cervecería Alberdi, entre el río y las calles Ingeniero López, La Tablada y 12 de Octubre.

Un siglo atrás, el señorial edificio inaugurado en 1917, se había convertido en amo y señor de la vida barrial, sobre el curso del río que atraviesa Córdoba desde siempre. La fábrica tenía unos pocos años de vida (nació en 1912, creada por Marín Agst y Enrique Meyer) cuando los muros y la gran chimenea se levantaron, y los grandes portones de hierro se instalaron en el perímetro de esos grandes terrenos alberdianos.

Con el tiempo, pasó de ser la empresa que producía “la espuma del país” al corazón de un Alberdi obrero, pujante, consolidado con su club social y deportivo que permitía a empleados y vecinos realizar actividades los fines de semana, eventos culturales destacados o competencias de bochas, sapo y básquet.

Desde la Costanera, desde la Isla de los Patos, todavía puede verse la imponente estructura de la gran obra de arquitectura inglesa, donde se llegó a fabricar millones de litros al año en su época de esplendor, con una cerveza de estirpe alemana (Córdoba, Munich y Pilsen) en el corazón de Córdoba.

El aroma de la malta se convirtió durante años en marca de identidad de muchas cuadras a la redonda; el paisaje de Alberdi vivía un tránsito fluido de obreros, de camiones, de camiones que trasladaban hielo en barra, o barriles de chopp; de mujeres que llevaban la vianda hasta los portones de hierro, para los trabajadores que no podían salir para almorzar.

El nacimiento de la Cervecería Córdoba se produjo en el inicio de un siglo 20 de gran esplendor para Alberdi, cuando aparecían los grandes edificios próximos al cauce del Suquía y alrededor de la Plaza Colón: su Hospital de Clínicas, el gran mercado, la biblioteca, la imponente parroquia “María Auxiliadora”, el Club Atlético Belgrano.

Alberdi no era un barrio sino un pueblo, y la cervecería su centro vital durante décadas y décadas, entre producción comercial, sede de memorables bailes en el club de los cerveceros, el ingreso al club social y deportivo que requería estricta invitación para ingresar.

Después de atravesar varios cambios, definidos por crisis económicas, decisiones políticas o dictaduras, y pasar por varios dueños, en la década de 1990 dejó de funcionar y se decretó su quiebra.

La gran torre fue demolida el 15 de abril de 2010, 83 años después de haberse levantado como guardiana de la vida del barrio, junto al curso de agua. Fue un golpe para los memoriosos, para las generaciones que vivieron y trabajaron bajo la sombra de este símbolo. Desde hace 10 años allí se construyó una réplica, un poco más pequeña, mientras se espera por la recuperación.

El Suquía fue testigo de todo lo que ocurrió en su entorno. Y será testigo de todo lo que ocurrirá.

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