Construiré un bote y me iré a navegar

Por Sara Pomazán, arquitecta.

Cuando era chica, por la década del 60, mi mamá, doña Elvita, nos llevaba a pasar las largas siestas de verano a orillas del Río Suquía, en la zona de las barrancas del Cerro de las Rosas. No sé si en ese entonces imaginaba que algún día iba a convertirme en arquitecta, pero cada tarde planeaba construir un bote y mirar a la ciudad desde el Río Suquía.

Hoy, este viaje tiene un sentido especial, puedo observar con otros ojos y con mayor sabiduría. Sin embargo, no deja de sorprenderme, como a aquella niña de 10 años, que el río nos cuente a través de la arquitectura y de Norte a Sur, la historia de nuestra Córdoba . 

Veo que el cauce de agua divide a la ciudad en dos. Entonces son los puentes un patrimonio crucial para poder unirnos, para poder expandirnos. Lo curioso es que de un lado sucede una cosa, y del otro lado, otra muy distinta. Pero comencemos ya nuestro viaje…

La primera parada empieza en Villa Warcalde, en el noroeste de nuestra ciudad. En aquellas épocas había barrancas desoladas invadidas por la naturaleza. Sin embargo, entre ramas y hojas se escondía el Molino de Torres. Llamado oficialmente “Puesto Colonial y Molino de Torres”, es una construcción del siglo XVIII y la única en su tipo, junto a la Casa Museo Marqués de Sobremonte, que hasta el día de hoy se mantiene entera y en pie.

Molino de Torres

Pertenece al proyecto de la Unesco denominado “La ruta del esclavo”. A fines del siglo XIX en su interior funcionaba un establecimiento que producía leña y alimentos para el Hospital San Roque y ocupaba el trabajo de los últimos esclavos del Virreinato, los cuales un tiempo más tarde fueron liberados por la Asamblea del Año 1813.

En la década del ’90, la Asociación Civil de Amigos del Puesto y Molino de Torres junto al  Museo de Antropología de la UNC, lograron recuperar y poner en funcionamiento el sistema hidráulico de molienda que se encuentra detrás del puesto. Sin embargo hoy, las hojas y las ramas de la naturaleza volvieron a invadirlo.

Siguiendo el viaje, y como cordobeses del fútbol y el fernet, con el río abrazamos el Estadio Mario Alberto Kempes. Pasando por el puente 15, el primero construido luego de la vuelta a la democracia, llegamos al nuevo Parque del Kempes y la ciudad vuelve a rodear el río, cerca de los Castillos del actual Sanatorio Morra y el castillo Bermann. Este último aún conserva su estilo arquitectónico neogótico, inspirado en el medioevo.

Estadio Mario Alberto Kempes

Castillo Bermann

Naveguemos por su historia… Algunos dicen que fue un conde, otros afirman que fue un príncipe. El relato cuenta que paseando a orillas del río, un extranjero adinerado que buscaba nuevas tierras conoció a una bella mujer y se enamoró de ella y del lugar que tanto le recordaba a su hogar. Allí mismo, construyó el maravilloso palacio, con la intención de plasmar a viva imagen la realeza y majestuosidad de la vivienda de su padre en el viejo continente. Allí se casaron y vivieron juntos disfrutando del entorno natural y de una vista privilegiada.

Por razones desconocidas, el inmueble fue transferido por varios propietarios hasta llegar al dos veces Gobernador Ramón José Cárcano, quien lo utilizó como casa de fin de semana. Recordemos que hace un siglo atrás, la zona presentaba un paisaje muy distinto al actual y funcionaba como destino de casas quintas de las familias más adineradas y prestigiosas de la época.

Algunos testimonios aseguran que el terreno donde se asienta estaba rodeado de un gran parque que impedía la vista al interior de la propiedad. Se sabe también que posteriormente perteneció al Dr. Gregorio Bermann, ilustre psiquiatra que llegó a conocer en persona a Sigmund Freud en 1931.

Castillo Bermann

Continuando en nuestro viaje fluvial, el paisaje parece cambiar abruptamente, y la ciudad comienza a darle la espalda al río. Durante el siglo XX se lo utilizó como el borde industrial al que nadie tenía que mirar. Y allí nos encontramos con el edificio de la antigua concesionaria Marimón –proyecto de los arquitectos Künzle y Linares inaugurado en diciembre de 1970– el cual fue un hito en la zona de la avenida Castro Barros.

Antigua concesionaria Marimón

A partir de la obra original se realizó un rediseño integral, único para ese momento en cuanto a edificios de concesionarias de autos. La obra, diseñada y dirigida por los arquitectos Esteban Bustos, Víctor Cantarini y Marcelo Giuliani, refleja fielmente la nueva imagen de la empresa de automotores.

Pero siempre dando la espalda al Río: ladrillo y galpón.

Los primeros asentamientos industriales importantes entre la última década del siglo XIX y las dos primeras del XX fueron dedicados principalmente a procesar cereales, fideos y galletitas. No es casual que estos establecimientos muy poco dotados del equipamiento necesario para las nuevas formas eléctricas (especialmente avanzadas e inusuales para la época) eligieran al río Suquía como vecino cercano. Su cauce de agua resultaba indispensable como fuente de energía, pero también para mejorar las comunicaciones viales, al pie (o muy cerquita) de un puente, vado o paso entre orillas.

Y hablando de puentes…hasta el tren cruzaba el río! Hoy solo nos quedan retazos de aquellos puentes metálicos, como podemos ver más adelante, el histórico Puente Olmos.

Puente Olmos

Pero mejor acá demos la vuelta, no creo que a doña Elvita le guste la idea de que me vaya tan lejos. Podemos descubrir muchas más historias del Río y su arquitectura. Los invito a que me cuenten la suya para que podamos compartirlas en el próximo viaje.

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11 respuestas

  1. Hermoso blog, prolijamente organizado Me encantan las historias, las fotos, las propuestas y la puesta en valor de este río, así como de todo lo que se construyó a su alrededor y que hoy es parte de la identidad de los cordobeses.
    Gracias por este trabajo!

  2. Hermosa experiencia de viaje… GRACIAS!
    …y pasé el puente Olmos y seguí caminado hasta mi infancia… cuando íbamos a la orilla del vado a ver con asombro (y un poquito de miedo) las crecidas del río… Imponente…poderoso…mágico…

  3. El kiosco de Don PANCHO en la tosquita, dónde la gente por esas siestas tardes se juntaba y se olvidaban de sus diferentes formas de ser!!.
    Y si ELVITA cuidando a todos los chicos y chicas de la otrora Av. San Martín!!!

  4. Desde Buenos Aires se siente Córdoba en el relato .De la mano de la,arquitectura podemos meternoszen el río y su historia .Gracias,Sara .

  5. Muy bueno.. la verdad q es un viaje de maravilla, recorrer tantos lugares de nuestra Córdoba..
    Nuestra Córdoba, la más linda del país!!

  6. Me llevaste de nuevo a las siestas veraniegas en «la ollita» donde las familias del barrio pasabamos los veranos. Aprendi a nadar en ese rio y los recuerdos se atropellan . Gracias!!!

  7. Excelente blog.Increible que este castillo haya sobrevivido al pensamiento criollo: lo viejo se demuele y que surjan torres. Tuve la suerte de poder conocer Europa en 2018 y allá todo se conserva.Hermoso sería ver ese castillo en todo su esplendor.Espero que la empresa que hoy lo posee lo restaure tal cual fué y no lo modifiquen transformandolo en un engendro.

  8. Hermosos y cálido relato de nuestra hermosa cordoba Gracias por compartir tan linda historia sobre la familia (tía abuela ) ❤️

  9. Que pena Molino de Torres estaba impecable con un cuidador , la gestión anterior lo echo y cerro el lugar para dejarlo en total abandono.

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