Construiré un bote y me iré a navegar – Parte II

Viejo Molino
Viejo Molino

Por Sara Pomazán, Arquitecta

Tan hermoso fue nuestro primer viaje en bote por el Río Suquía, que decidimos embarcarnos en una segunda travesía antes de que lleguen las crecientes que provocan las lluvias de la primavera y el verano. ¡Porque ahí sí que doña Elvita no me dejaría ni asomar a ver la turbulencia del agua!

Vamos navegando suave entre piedras y biguás. Esta vez volteamos la mirada hacia el otro lado, y la arquitectura nos empieza a contar una historia diferente. Ya han pasado algunos años: ahora miramos mucho más al río, le hemos devuelto su nombre, nos hemos amigado con él. Y por supuesto las edificaciones dan cuenta del suceso.

Pasando el puente de La Tablada, se asoman pequeños chalets de los años ’50. Muy típicos y modernos para la época, se caracterizan por una construcción compacta y tienen techos inclinados de tejas españolas o musleras. De paredes blancas, con un remate de frontis curvo sobre la entrada principal de acceso, pisos de cerámica roja, galerías con arcadas, un estrecho jardín delantero muy arbolado y un pequeño murete que separa la propiedad de la vereda.

Cruzamos ahora algunos biguás, que parecen pero no son patos negros; y nos invitan a mirar la emblemática Cervecería Córdoba, mientras se zambullen a comer bagres o dientudos.

Su edificio central es un típico ejemplo ladrillero de arquitectura funcional, con motivos neorrománicos y arquillos entrelazados que, coronando las fachadas, marcan con arcadas y rematan con coronas el contorno de las dos aguas que lo cubren. Su chimenea fue demolida, sin embargo se puede ver el fantasma de su silueta.

Y si seguimos, nos vamos acercando a mi spot preferido, el primer edificio que tuve que croquizar en la Facultad de Arquitectura, allá por el ’77. La Escuela Superior de Comercio Manuel Belgrano fue declarada monumento histórico nacional. Construida entre 1960 y 1971, diseñada por los arquitectos Osvaldo Bidinost, Jorge Chute, José María Gassó, Mabel Lapacó y Martín Meyer, fue reconocida como exponente del brutalismo en Argentina, porque la estructura y los materiales son protagonistas.

Escuela Superior de Comercio Manuel Belgrano

El arquitecto Ian Dutari remarca que «es un edificio adelantado para la historia» ya que «se abre hacia el río, cuando en aquella época casi ninguna estructura le daba ese valor paisajístico al Suquía». Lo que nos llama la atención a todos los que caminamos –y hoy navegamos- por las inmediaciones del Manuel Belgrano, es su inmensa cubierta: el techo. Diseñado así para facilitar el encuentro, las miradas y las relaciones sociales.

Escuela Superior de Comercio Manuel Belgrano

Un poco más adelante, pero volviendo unos años hacia atrás, encontramos el imponente edificio de la ex Usina Mendoza. Construido en 1910, allí funcionaba una planta industrial para la generación de energía eléctrica.

Este edificio responde a una estética asociada al neoclásico inglés, propia del desarrollo industrial renaciente monumentalista. Este diseño coincide con muchas de las industrias de nuestra región que siguen el mismo lenguaje. Para nosotros es “la Vieja Usina”, donde vamos a ver y escuchar música, donde llevé a mi hijo a su primer recital y donde disfruté de Leon Gieco con mi amigo Camacho. Ahora, con una intervención de gran escala, el artista visual Elian Chali reinventó la fachada que mira hacia la costanera, creando un vínculo entre el arte, la arquitectura y el Río. El mural que fue titulado «Maquillaje eléctrico para momias» es monumental como el edificio, como el espacio que lo contiene, y cómo las cosas que suceden a orillas de nuestro Suquía.

Ahisito” nomás se asoma un edificio extraño haciendo punta de flecha entre el río y el Puente Avellaneda, y que parece estar resistiendo al progreso. Estamos hablando del vestigio de una antigua estación de servicio que en los años ´30 se promocionaba como “Modernísima Estación de servicio para automóviles” de acuerdo con un aviso aparecido en el Diario Córdoba. Cuenta Luis Beresovsky que en la década del 60 funcionó el Teatro Estudio de Córdoba, semillero de grandes actores cordobeses. Espero encontrar entre los que leen, alguna linda historia de este pequeño rincón.

Antigua estación de servicio

Un poquito más de empuje del agua, y como muestra de la arquitectura moderna aparece el volumen geométrico del edificio de EPEC con su imponente helipuerto. Esta construcción responde al estilo de un arquitecto que fue pionero del movimiento moderno en los años 60, llamado Hubert Hobbs.

Edificio EPEC – Empresa Provincial de Energía de Córdoba

Si avanzamos unos metros más, cerquita de ahí, podemos ver el Hospital de Urgencias. Miguel Ángel Roca, su autor, nos cuenta en otros relatos que quería configurar una pieza un hito urbano con rostro monumental, que se lea como una gran institución, sobre la calle principal. ¡Y vaya si lo logra!

 Hospital de Urgencias

Pero sigamos viaje. Nos toca llegar al Puente Olmos, y mirando para ese lado del río, sigue en pie el Viejo Molino. Aunque dinamitaron alguno de sus silos, aún quedan los que se resistieron a caer, para hacernos recordar otros tiempos pujantes de la Córdoba a orillas del rio. El edificio central es otro ejemplo ladrillero, como el que vimos en la Cervecería. Con sus motivos neorrománicos, arquillos entre pilastras monumentalistas y sus ventanales industriales. Fue construida en el año 1920 por el Ing. Ricardo Palma.

Al frente y contrastando vemos la nueva Legislatura, el Panal, los puentes nuevos, y espiando desde lo alto un Hombre Urbano que desde el ’99 nos acompaña. Una escultura de acero pintado, de 12 metros de alto y 18 de largo, que representa al hombre moderno, según su autor, Antonio Segui: un cordobés típico con su cuota de humor e ironía.

Son muchas las historias que aparecen mientras vamos navegando en este bote que construimos para salir a pasear por el Río Suquía. ¿Cuál es la que más te gustó?

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4 respuestas

  1. El Teatro Estudio de Córdoba funcionó en el edificio de la torre del Puente Avellaneda desde febrero de 1964 y 1970. Se realizaron un sin número de obras de los más importantes autores de la dramturgia nacional y mundial. La vieja casona constaba de dos habitaciones un baño, un pequeño salón y una gran terraza (hoy cubierta de vidrio su techo y paredes), la torre no se utilizaba. Allí se construía tanto la utilería como la erscenografía y el vesturio y también ensayaban los elencos. A veces más de uno. Y hasta tuvo lugar para cobijar una escuela de teatro en 1967, que perduró hasta que el elenco hizo una giro que lo llevó hasta EEUU y allí se disolvió. Los nombres de quienes actuaron entre sus paredes, porque allí tambien se realizaban funciones, fueron los más importantes del queacer escénico cordobés. Pero quiero referirme a una anécdota de color y breve. De sus filas se formaron (por lo menos en mi camada) tres matrimonios que perduraron hasta la muerte de algunos de sus integrtantes y otro gracias a Dios perduraq. Coco Santillán y Adelina Constantini, José Luis Bigi y Beatriz deiebel y Alejandra Becerra y quien esto escribe. Luis Beresovsky

  2. Ehhh Sari!!!!! Pasaste al frente del Gigante y ni lo nombraste!!!! Jajajajajajaja o te quisieron abordar el bote los Piratas???!!! Hermosa recorrida!

  3. Jajajjaja se armó un remolino justo en la isla y tuve que mirar para otro lado!!! Capaz eran los piratas!!!! Para el próximo viaje los invito!!!

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